domingo, 18 de marzo de 2007

El hijo pródigo (Lc 15)

Te creías, sin duda,
que estando con el padre y en su casa,
seguiría muy cruda,
limitada y escasa
la libertad soñada que te abrasa.

Y pides lo que es tuyo,
lo que a ti solo crees pertenece:
¡cada cual con lo suyo,
que el hombre sólo crece
cuando su libertad libre florece!

Y te fuiste muy lejos
buscando la soñada libertad;
sin trabas ni complejos,
gozaste a saciedad
de cuanto llamabas felicidad.

Todo lo derrochaste,
alocado, sin tino ni medida;
tu juventud gastaste
-tesoro de la vida-
¡toda tu dignidad quedó perdida!

Tu pobreza fue tal,
y fue tan grande el hambre que tenías,
que te viste, al final,
cuidando en alquerías
sucios cerdos, con os que convivías.

Y allí, en tu soledad,
te acordaste del padre y de su ausencia,
de su amor y bondad,
sacando, en consecuencia,
que lejos del hogar todo es carencia.

¡Había que volver
a la casa del padre abandonado,
para poder comer,
como cualquier criado,
aquel crujiente pan, nunca tasado!

La decisión tomada,
desanduviste -roto peregrino-
jornada tras jornada,
aquel viejo camino
que había trastocado tu destino.

Al padre, aquella tarde,
-atisbando la muerta lejanía-
el corazón le arde,
porque ya presentía
que tu feliz regreso se cumplía.

Cuando te vió llegar
por el camino aquel -largo en exceso-
ya no pudo esperar,
corrió, como un poseso
para abrazarte y darte un largo beso.

Te dijo dulcemente:
¡olvídate, hijo, ya, de ese estribillo,
y ponte, nuevamente,
tus sandalias, tu anillo
y la túnica que aún huele a tomillo!

¡Familiares y amigos,
comamos hoy el ternero cebado,
-vosotros sois testigos-
porque este hijo amado
estaba muerto y ha resucitado!

¡Que el hijo ya está en casa,
la familia, de nuevo, está copleta;
bebamos hoy sin tasa,
suene la pandereta
porque el gozo de mi alma está repleta!

Aunque alguno proteste,
y, aunque alguno al perdón se resista
y a su hermano desteste,
que sepa está en la lista
de invitados a la fiesta prevista.

La bondad, de mí mana,
y a pródigo y a rico manirroto
nadie hasta hoy me gana;
mi amor no tiene coto
y mi misericordia es saco roto.

Más que mi propio hijo,
el pródigo soy yo; doy sin medida,
algo más que exijo,
y doy siempre acogida
en abrazo de paz y bienvenida.

1 comentario:

HNA. Ana Iris Blanco Aches dijo...

Hermoso poema. Mil gracias a Dios y a Ud., por tan hermosa reflexion y musa. Le he puesto musica. Predicare y cantare EL HIJO YA ESTA EN CASA. EN EL AÑO DE LA MISERICORDIA Y A L luz de la Evangeli Gaudium voy a Quito, ha participar en un congreso de alabanza y sanacion. Mil gracias padre. Bendiabrazos!!! Hna. Ana Iris.