miércoles, 14 de enero de 2009

El Bautismo de Jesús (Mc 1, 6-11)

Los bíblicos profestas
recibían de Dios su vocación
con palabras concretas
y signos de infusión
del Espíritu, Señor de la misión.

Jesús era inocente,
y nunca en él hubo un solo pecado,
pero entró en la corriente
para ser bautizado,
pues, con el hombre sí estaba hermanado.

Cuando Jesús salió
del agua del Jordán ya bautizado,
el Padre proclamó,
desde el cielo rasgado:
"Este es mi predilecto, mi Hijo amado."

Y el Espíritu Santo,
en forma de paloma aleteante,
lo arrulló con su canto
y lo ungió al instante
con su fuerza y su luz vivificante.

Y, a partir de ese día,
con la unción y la fuerza del bautismo,
al diablo desafía,
y anuncia un mesianismo
que es servicio y entrega de sí mismo.

"Y pasó haciendo el bien,
y liberando al pobre y oprimido"
hasta su último amén
-cuando todo era olvido-
perdonando, sin sentirse ofendido.

Y este es el compromiso
de aquel que en Cristo ha sido bautizado:
no ser nunca remiso
en hacer, de buen grado,
el bien, nunca medido ni tasado.

1 comentario:

dayana koo dijo...

bueno me sirvio de mucha ayuda aunque no sea la biblia real de algo sea :D