lunes, 28 de abril de 2008

¡Aleluya!

¡Qué alegre es tu presencia,
-Señor resucitado-
cuando la fe te encuentra
porque te fue buscando!

¡La fe es la Magdalena
que te busca entre llantos!

Mi aleluya, hoy se eleva
y vuela de mis labios,
tejiendo con sus vuelos
tapiz de alegres salmos.
Tu paz y tu alegría,
-Señor resucitado-
ponen alas y ritmo
a mi fe y a mi canto.

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