martes, 16 de febrero de 2010

Bodas de Caná (Jn 2)

Caná de Galilea,
invitación a boda y a alegría;
nueva luz que alborea,
y nueva epifanía
anticipada ahora por María.

Caná es invitación
a celebrar las "Bodas del cordero",
a la honda conversión
del corazón sincero,
entregado al amor ya por entero.

María es la primera
en observar del vino la carencia;
no es comensal cualquiera,
que es Madre con licencia
para solucionar cualquier urgencia.

-"¡Hijo, no tienen vino!",
dijo con susurrante voz materna;
susurro femenino
de la madre que alterna
su autoridad con la súplica tierna.

-"¿Qué nos va a ti y a mí,
mujer en semejante contratiempo?
Déjalo estar así,
pues viene esto a destiempo
y no llegó mi hora ni mi tiempo".

-"Haced lo que él os diga!"
Y, aunque parezca hora inoportuna,
Jesús, con voz amiga,
sin dilación alguna:
-"¡llenad bien las tinajas, una a una!"

La orden de la Madre, parece anticipar aquella hora
prevista por el Padre,
y la anticipa ahora
porque María es de Jesús la aurora.

Las tinajas de barro,
-que sólo agua lustral habían tenido-
rebosan despilfarro
de un vino, convertido
en el vino mejor jamás bebido.

Cada siervo, discreto,
sin preguntar, actúa diligente,
y, aunque sabe el secreto,
lo guarda fiel, silente,
sin presumir de nada ante la gente.
....................................

Los siervos de Caná
cumplieron, diligentes, cuanto él dijo.
¡Que yo sepa -ojalá-
ser tu siervo y tu hijo,
cumpliendo mi misión con regocijo!

Y fue tu primer signo;
el signo de las "Bodas del Cordero",
esposo fidedigno
de un amor verdadero,
que en las "bodas de sangre" fue el primero.

Signo de plenitud,
bendición del Espíritu que alcanza
la plena juventud
de una vieja esperanza,
cumplida ahora en Jesús, Nueva Alianza.

Caná es eucaristía;
hay cambio de materia y de sustancia,
un vino de alegría,
bebido en abundancia,
y un Jesús que lo ofrece y nos lo escancia.

Hoy, todos invitados
a beber en Caná del "nuevo vino",
y a brindar, inspirados,
sin medida y sin tino,
¡borrachos del Espíritu devino!

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